Hoy nuestro bebé come boniato

En este post quiero compartir una receta para una papilla otoñal. Y digo otoñal porqué lleva un ingrediente de temporada: el boniato.

Soy muy partidaria de usar productos de temporada y locales, ya que nos aportan mayor cantidad de vitaminas y minerales (ya que han sido madurados en el árbol o la planta)  y no han viajado miles de kilómetros para llegar a nuestras neveras. Por no hablar del sabor, son mucho más ricos.

El boniato es un tubérculo anaranjado de sabor dulce y que se recoge en otoño e invierno. A nivel nutricional nos aporta hidratos de carbono de absorción lenta, es muy rico en vitamina A, calcio, hierro y potasio, entre otros.

La papilla de hoy lleva boniato como ingrediente principal, ya que es la base energética de la receta. Se puede cambiar por patata si no es temporada de boniatos o si no lo tenemos en casa. A los bebés les gusta mucho ya que tiene un sabor dulzón, resulta muy útil para las primeras introducciones de “verduras” (entre comillas porqué en realidad no es ninguna verdura, sino un tubérculo como he comentado anteriormente).

Necesitaremos un boniato pequeño o medio si es grande, una zanahoria pequeña, un trozo de pechuga de pavo (o pollo) y un puñado de judías verdes.

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Como ya sabéis, yo uso el robot de cocina Babycook, pero se puede hacer al vapor de modo tradicional. Llenamos el tanque de agua a nivel 3. Cortamos todos los ingredientes y los ponemos a la vaporera intercaladamente, para lograr una cocción más homogénea. Dejamos cocerlo y cuando esté listo sacamos un poco del agua de cocción (no mucha, ya que esta papilla es muy pastosa, por el boniato), añadimos un chorro de aceite de oliva virgen extra, trituramos y listo.

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Es adecuada desde los 6/7 meses (siempre y cuando ya se tomen verduras y carnes), ya que todos los ingredientes son de fácil digestión. Es una papilla adecuada para la introducción de las aves en la dieta de nuestros bebés.

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¡Que aproveche! 😉

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“La vacuna de marras”: Bexsero

Hoy hemos ido al pediatra para ponerle al peque la vacuna Bexsero. Y digo “de marras” porqué su llegada a España ha traído cola.

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Bexsero, es una vacuna contra la meningitis B, que es la causa más frecuente de meningitis bacteriana y es responsable de siete de cada diez casos de meningitis en España. Se comercializa desde el 1 de octubre (cuesta unos 100 €/dosis) y finalmente nuestro país se sitúa en línea con el resto de Europa, donde ya estaba disponible desde mucho antes, en algunos, incluso, incluida en la seguridad social. Los pediatras españoles llevaban mucho tiempo insistiendo en que esta vacuna tendría que ser obligatoria en el calendario vacunal de nuestros niños, o, almenos disponible en farmacias. Hasta entonces solo era de uso hospitalario para niños inmunodeprimidos o con alguna enfermedad crónica. La que sí está incluida es la vacuna contra la meningitis C (aunque el 65% de los casos de meningitis son causados por el meningococo B).

Se recomienda ponerla a los dos meses de edad y repetirla dos veces más con un intervalo de un mes entre ellas, y hacer otra repetición al cabo de un año. Es un desembolso económico grande, claro está, pero la salud de mi hijo pasa por delante.

Los niños más grande de esta edad, pueden también ponerse la vacuna. Nosotros, al vivir fuera, hemos tenido acceso a ella cuando el bebé tenía la edad recomendada, y hoy le han puesto la tercera dosis y dentro de un año tendremos que hacerle la última de repetición.

Se recomienda no administrarla con otras vacunas, así los efectos secundarios disminuyen. En el caso de mi hijo, decir que es la única vacuna que le ha dado efectos secundarios y ha estado más pachucho, llorón y con fiebre, que le ha durado entre 3 y 4 días. La primera vez más alta, la segunda un poco menos, y veremos qué tal va con la tercera.

Como curiosidad: darle el pecho mientras le vacunan nos viene de maravilla para evitar que llore con el pinchazo, que, obviamente, les duele y mucho. Hoy no ha derramado ni gota 😉

Muchas madres comentan que su pediatra no “le deja” hacerlo. Yo no pregunto al entrar en la consulta, lo hago directamente y ya está 😛

Calabaza, no sólo para Halloween

Veo calabazas por todas partes. Por la calle, en el supermercado, en las tiendas de decoración, en las redes sociales… muchas solamente con la finalidad decorativa de Halloween. Y es que mañana es el día, y en Europa, a pesar que no es nuestra tradición, cada vez se celebra más.

fuente de la imagen: 7-themes.com

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Por suerte la calabaza es muy apreciada para comer en casa. Es un alimento muy interesante y que nos da mucha versatilidad porqué se puede preparar de muchísimas formas, y además suele gustar a grandes y pequeños. Las hay de muchos tipos, formas y colores, aunque todas tienen prácticamente las mismas propiedades.

A nivel nutricional nos aporta mucha agua, pocos hidratos de carbono y pocas grasas, con lo cual es un alimento poco calórico, apto para cualquier dieta de adelgazamiento y para niños y bebés. Nos aporta fibra, vitaminas (betacarotenos, C, E y del grupo B) y minerales (especialmente potasio, y en menos cantidad fósforo y magnesio). Es un alimento antioxidante y tiene un ligero efecto laxante.

A los bebés, puede introducirse a partir de los 6/7 meses, con las primeras verduras. Es de fácil digestión y al tener un sabor un poco dulzón les gusta mucho. Es muy rica tanto en puré como en crema, y también para quién escoja el baby led weaning (BLW) para la introducción de alimentos a sus hijos, cortada a daditos la pueden comer fácilmente con las manos.

La calabaza la podemos cocinar de infinidad de maneras: risotto, cremas, purés, asada, postres, para acompañar carnes, etc. Para gustos colores 😉

Os dejo una idea de receta con calabaza para las primeras introducciones al bebé (más de 6 meses): necesitaremos un trozo de calabaza, una patata pequeña (yo pongo el doble de calabaza que de patata, para haceros la idea del “trozo”), una zanahoria pequeña y aceite de oliva. Lo cocemos al vapor (puede ser hervido con poca agua, para aprovechar los nutrientes que se van al agua -con la cocción al vapor no pasa-), y una vez cocido, le ponemos un chorro de aceite de oliva virgen en crudo y trituramos. Yo la hago con la Babycook.

Et voilà! Una rica papilla para nuestro bebé que seguro que le encantará. A mi hijo le chifla 🙂

Parir correctamente

Sí, yo también me quedé con cara de póquer cuando alguien me dijo que los cursos de preparación al parto son para que te enseñen a parir correctamente.

¿Parir correctamente? Mi pregunta es: ¿cómo se pare incorrectamente? Yo siempre he sido más de pensar que se pare y punto, y que cada parto es un mundo y no hay dos partos iguales. ¿Parir correctamente? Que alguien me lo explique, por favor (véase ironía).

Dicen que compartir la experiencia del parto ayuda a otras futuras madres a vencer el temor (yo casi que diría a aumentarlo, en algunos casos), y por eso me he decidido a hacerlo. Yo no se si “di a luz correctamente” o “di a luz incorrectamente”, lo que sí se es que di a luz a un bebé precioso. Durante mi embarazo, deseaba un parto de manual: de esos en que la rotura de aguas es evidente, en casa, empezar con los dolores y contar contracciones hasta que pasan unas pocas horas y empiezan a ser más seguidas y entonces te vas con calma al hospital, llegas, pares cómodamente y con un dolor soportable, ves al bebé más bonito del mundo, estás allí un día o dos, y te vas para casa sin tu barriga y con tu bebé más feliz que una perdiz.

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Evidentemente mi parto no fue así, aunque sí que empezó como yo tanto lo había deseado. Hay que decir que soy una suertuda y mi parto fue en general muy bueno: un sábado de la semana 37 rompí aguas a las 6 de la mañana en mi cama. Estaba durmiendo y noté como si me hiciera pipí. Abrí los ojos como platos y me dije, “vale, calma, quizá es solo un poco de pis que no te has podido aguantar”, así que intenté contraer la musculatura. Si se cortaba era pipí, si no, pues era el día D. Y no se cortó. En aquel momento mi corazón latió como si hubiera apenas terminado una maratón, dije ahora sí en voz alta “ya viene”, me levanté y me fui al lavabo para que el resto de líquido se fuera cloaca abajo y no en el colchón. No tenía ni un poco de dolor. Me hice una ducha, desayuné como una campeona (hay gente que prefiere no comer nada, pero yo pensé que si debía hacer un trabajo tal como parir, necesitaría energía de la buena) y me tumbé al sofá a esperar tener alguna contracción. Nada. Esperé una hora y nada, ni media contracción. Yo que estaba calmada calmadísima en aquel momento empecé a ponerme un poco nerviosa. Por qué después de 2 horas de haber roto aguas no tenía contracciones? Así que decidimos irnos para el hospital y a las malas ya nos mandarían para casa otra vez (vivimos al lado). Llegamos y me pusieron las correas y efectivamente casi no se sentían las contracciones y estaba dilatada de un solo centímetro así que me advirtieron que el parto iba para largo. Me dieron una habitación y me dijeron que me acomodara allí y que volviera a monitores al cabo de 3 horas o si venían los dolores fuertes. Fuimos a la habitación y a mi lado había una mujer que había dado a luz el día anterior a su tercera hija. Yo, por como me encontraba, tenía la sensación que me pasaría esas 3 horas aburrida como una ostra, porqué los dolores tenían toda la pinta de no aparecer, así que me fui con el padre de la criatura a caminar por los pasillos. Quién dice caminar dice pegar brincos. No tenía nada de ganas de tener un parto eterno. Allí empecé a sentir algunas contracciones, aunque no sentía para nada dolor. Pasaron las 3 horas y volví a monitores: habían contracciones ligeras y seguía de un centímetro, qué decepción. Me dijeron lo mismo y que comiera. Volví a la habitación y comí todo lo que me pusieron al plato, que no valía nada pero yo estaba muerta de hambre. Recuerdo que mientras comía el postre tuve una contracción que me dolió, pero no le di más importancia. Al cabo de algunos minutos volvieron con la misma intensidad. No había pasado ni media hora que había salido de los monitores y pensaba que no podía ser tan repentino, así que me quedé tumbada en la cama con un dolor horroroso. Entró una enfermera a ver a mi compañera de habitación y al verme me dijo que fuera, que era inútil estar allí sufriendo. Fui y estaba de 4 cm y las contracciones eran bastante seguidas e intensas, cada 5 minutos. Recuerdo estar tumbada a monitores y sentir que no iba a ser capaz de aguantarlo, el dolor era insoportable y me sentía morir. Supliqué la epidural. La matrona que estaba conmigo me dijo que podría ser peligroso por ser quizá un poco tarde, que podríamos pensar en otros modos, y que me decidiera rápido. Yo solo veía aquella salida. Firmé todos los consentimientos. Pasó como mucho media hora desde que la pedí hasta que me llevaron a la sala de partos y me la pusieron. Me advirtieron que el parto podría demorarse. Pero me daba igual. Sentí que volvía a nacer. Si otra vez tengo otro hijo desde luego la pediré antes. Creo que sufrí inútilmente (y sí, era de las que pensaba que con buenos ejercicios de respiración y sufriendo un poco sería capaz de parir sin anestesia). A causa de la anestesia, tuve que restar tumbada. Lo hice de lado, no como en las películas que todas están patas para arriba empujando. La matrona, que por cierto era un encanto, me dijo que iba todo bien, pero que aún tardaríamos un poco, que ella iba a salir de la sala y que si necesitaba algo que la llamáramos. En todo caso empezaría propiamente el parto cuando notara que “te estás haciendo caca”. Así, tal cual. Bien, pensé, será fácil de identificar. Me puso la pierna que no estaba apoyada en la cama en alto y salió cerrando la puerta. En aquel mismísimo momento sentí que me hacía caca. No me lo podía creer. La llamamos y volvió con una media sonrisa incrédula, seguramente pensaba ¡ayyy novatillos! Miró y vio cabeza que asomaba y 8 cm de dilatación. Ninguno de los 3 nos lo podíamos creer. Desde aquel momento hasta que mi bebé salió literalmente disparado pasaron unos 30 minutos. Fue rapidísimo, aunque pasamos un poco de nervios, ya que en los últimos momentos parece que se estaba quedando sin oxigeno y vino la ginecóloga y dijo que debía empujar fuerte sino hacíamos cesárea. Empujé como si no hubiera un mañana y el niño salió como un proyectil. La pega es que me hice un desgarro. En seguida me pusieron el bebé encima y me enseñaron como ponérmelo al pecho y se agarró al instante. Luego se fueron y nos dejaron a los estrenados y cagados padres solos con nuestro bebé.

Fue un momento maravilloso.

Eso sí, no tuve ni pelotas, ni cuerdas, ni bañera, ni ninguna ayuda no medicamentosa para calmar el dolor, cosa que hubiera agradecido, y quien sabe si en este caso realmente la anestesia sí que me la hubiera ahorrado (como quería en un primer momento).

Sinceramente creo que tuve un parto muy bueno, aunque si hay futuras veces quisiera que fuera diferente, quizá “más natural”. El postparto y estancia al hospital ya es otro cantar, digno de olvido.

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Espero que mi experiencia sirva para otras futuras madres a conocer otro parto más, ni correcto ni incorrecto, pero real.

¡Oh no, arsénico en el arroz!

Recientemente, la Agencia Nacional Alimentaria de Suecia, ha desaconsejado el consumo de tortas de arroz con frecuencia a los niños menores de 6 años, aunque también recomienda reducir el consumo de arroz integral, por su concentración de arsénico.

Y aquí se crea la alarma: es cierto que el arroz contiene arsénico, pero eso no es nada nuevo.

imagen de imujer.com

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El arsénico es un elemento natural que en altísimas dosis puede ser tóxico por los humanos. Éste compuesto está de forma natural en el suelo y en las rocas, y se filtra en las aguas subterráneas, que son usadas como riego en cultivos. Así, entra en los alimentos. El arroz, al cultivarse con grandes cantidades de agua, es un alimento potencialmente contaminado, especialmente el integral, ya que el arsénico se acumula en más cantidad en la cáscara de éste cereal.

Entonces ¿debemos dejar de consumir arroz? ¿Debo suprimir el arroz de la dieta de mis hijos?

Ante todo prudencia. Las recomendaciones de Suecia son de no consumir arroz más de 4 veces por semana. En nuestra cultura, que seguimos -teóricamente- la dieta mediterránea (digo teóricamente porqué cada vez es menos evidente, dados los índices de obesidad en España, tanto en adultos como en niños) no solemos consumir más de una o dos veces de arroz por semana. Así que no habría que preocuparse.

Sí que es cierto que se consumen muchas tortas de arroz como snack, y en este caso, sí que sería aconsejable que no fueran a diario.

Los niños y los celíacos, son grupos de riesgo, ya que en el primer caso tienen el sistema digestivo más inmaduro, y en el segundo, son grandes consumidores de arroz, ya que es, junto al maíz, el único cereal sin gluten. Por tanto, sí que en estos casos se puede evitar un consumo en exceso.

Hay que decir que existen formas de reducir el arsénico del arroz, y eso se consigue con técnicas de riego mejoradas (no está en nuestras manos como consumidores finales) y con la cocción. Cocer el arroz con mucho agua (6 partes de agua por una de arroz) consigue reducir la cantidad de arsénico a casi la mitad, según un estudio de la Agencia de Seguridad Alimentaria Británica. Lavar y aclarar el arroz antes de cocinarlo, también lo reduce, aunque en menos cantidad. Así que una combinación de ambas técnicas, puede ser efectiva para reducir el arsénico de nuestra dieta.

Una dieta variada y equilibrada, rica en vegetales, cereales de todo tipo, legumbres, carnes magras y pescados, y sin abusar de grasas y azúcares, es lo más recomendable para cuidar nuestra salud, y en todo caso, es mejor dar arroz a nuestros niños, que chucherías y alimentos ricos en azúcares y grasas saturadas.

Tu hijo es lo que comes

“Tu hijo es lo que comes” y “Tus hábitos en los primeros mil días de gestación pueden prevenir que tu hijo desarrolle enfermedades graves”.

Estos son los mensajes de esta campaña de la Sociedad Pediátrica de Brasil en el que advierten a las mujeres embarazadas de posibles daños en sus hijos causados por una mala alimentación y las animan a cuidarse especialmente en estos meses tan importantes y a seguir haciéndolo una vez haya nacido el bebé.

Las imágenes hablan por si solas.

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Your child is what you eat

Your child is what you eat

Impactante, ¿no? A mi me ha gustado muchísimo.

En realidad imagino que se refiere a los primeros mil días de vida, incluida la gestación, sino deberíamos tener un embarazo de casi 3 años y, sinceramente, no quiero ni imaginármelo 😉

Galletas para bebés

No puedo evitar pararme en la sección de bebés cada vez que entro en un supermercado, me encanta. Me gusta ver los artículos de higiene del bebé, chupetes, biberones y demás, y a veces me he creado necesidades innecesarias 😉

Pero mi parte favorita es la de alimentación infantil. Será deformación profesional supongo. Miro las papillas, los potitos, las leches, todo. Aunque no lo necesite. Soy de prepararle yo misma la comida a mi hijo, pero a la vez soy práctica y siempre va bien tener algun tarrito en casa por mil cosas, nunca se sabe. Por eso siempre me gusta verlos todos.

Pero una de las cosas que más me llaman la atención son las galletas para bebés. Hace unos meses ni sabía que existían. Pero ahora las veo por todas partes, de mil marcas y formatos distintos, y recomendadas desde los 4 meses. Y ahí llega mi inquietud: 4 meses.

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¿Debe un bebé de 4 meses comer galletas? Pero si los niños a los 4 meses no tienen ni dientes (algunos sí, cierto es, pero no como para comer galletas). Un bebé a los 4 meses debe tomar leche, y a ser posible, alargarlo hasta los 6 meses de forma exclusiva, tal y como recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Aunque a los 6 meses un bebé esté preparado para tomar otros alimentos, en cualquier caso no deberían ser galletas, ya que es un alimento con un alto contenido en azúcar y éste no debe darse al bebé antes del año, además de ser también rico en grasas (también saturadas) y pobre en fibra y vitaminas. Desde luego no es un alimento ideal para un bebé tan pequeño.

¿Y qué darle a un bebé para que se entretenga mientras los grandes comemos? He observado que los bebés que toman galletas tan chiquitines es en estos momentos, cuando han comido ya y siguen sentaditos en la trona mientras comen los demás. Oye, pues al rico pan. Un trozo de pan un poco seco les entretiene tanto como una galleta y nutricionalmente es muchísimo más adecuado. Una zanahoria también es una buena idea.

¿Y los niños no pueden comer galletas? Bueno, no seamos dramáticos, claro que pueden. Pero que sea algo ocasional, y desde luego tratar que sea después del año, ya que contienen dosis elevadas de azúcar. En todo caso, no hace falta que sean galletas de bebés. Galletas María de toda la vida van más que bien, y seguidamente veréis por qué, ya que he hecho una comparativa que sorprenderá seguramente a más de uno.

En la siguiente tabla se comparan 3 tipos de galletas: galletas María, galletas María sin gluten y sin lactosa y galletas especiales para bebé (que no tienen ni gluten ni lactosa).

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Como se puede observar, las galletas de bebé son las que más azúcares llevan (eso que en el paquete viene bien clarito que se recomiendan desde los 4 meses) y cabe recordar de nuevo que el azúcar se desaconseja antes del año. Calóricamente -y nutricionalmente- todas son más o menos iguales. Lo que sí que cambia ¡y mucho! es el precio.

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Está claro que el mundo de los bebés es un negocio redondo, y solo por estar etiquetados como “para bebés” ya hace aumentar el precio más del triple.

Si queréis ver otro post relacionado con esto y más, os recomiendo éste de mi compañera de profesión Lucía a quién admiro muchísimo por su trabajo y conocimientos que me resultó hace unas semanas de lo más inspirador.